Para muchas personas el dilema es: "¿ser o no ser?" Pero para mi familia que no es nada común el dilema es: ¿irse o no irse?; irse es casi seguro pero la posibilidad de quedarse aunque es mínima es probable y a veces, sólo a veces, suelo tener esperanza. Veo mi cuarto, veo historia grabada en todo lo que hay aquí, mi cama me recuerda a mis sueños, a mi mejor amiga durmiendo conmigo y peleando por la cobija, el teléfono y las conversaciones importantes que tuve en él, mi corcho: la entrada del concierto de El Canto del Loco, de la Reservada del Cumbres, entradas de cines, fotos de Melendi, notas de gente... una en particular me trae felicidad, pero cuando sin querer bajo la mirada veo otra y recuerdo lo difícil que es perdonar a las personas. Tengo botellas vacías de tequila buenas noches que pasé con ellas, mis pósteres de Twilight y la música suave para seguir escuchando a Edward. Es difícil comprender todo lo que siento por estas cuatro paredes, porque cuando no tenía miedo a perderlas... ¡no valían nada! Ahora me imagino todo esto vacío: sin cama, sin mesa, sin alfombra, sin mí... sería todo tan frío. No puedo imaginarme mi refugio abandonado, sin la música a alto volumen, sin la pequeña suciedad y el calor de las tardes. En estos momentos mi enemigo se vuelve la inseguridad, no saber si desprenderme o aferrarme más, no saber si decir adiós o seguir mi vida normal como si nada... faltan dos meses y ocho días.
Todo este proceso es como ver morir lentamente a una persona, ver morir lo que fui... porque cuando ya no vuelva, no abra nada por que luchar, ni peleas, ni llantos, ni risas, ni momentos, nada valdrá la pena. Y ahora el dilema de mi familia no es el mismo que el mío: ¿desprenderme o aferrarme?